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Formentor

Formentor, en el municipio de Pollença, es uno de los paisajes más emblemáticos del norte de Mallorca. Se trata de una península estrecha que se alarga unos 12 km y está recorrida por una carretera que lleva hasta el faro de Formentor. Siguiendo la carretera, y antes de llegar a la playa, pasamos por dos puntos desde donde se obtienen las mejores vistas: el mirador de la Creueta, con el islote del Colomer al fondo, y la Talaia d'Albercuix, torre de defensa situada casi 400 m por encima del nivel del mar y desde donde se puede contemplar una magnífica panorámica sobre la bahía de Pollença y la península de Formentor. Esta torre formaba parte del sistema de defensa de la isla de los ataques corsarios. La presencia humana en Formentor se remonta a la prehistoria y ya en la época romana había un poblado. Desde la Edad Media, ha existido aquí una de las propiedades más extensas de Mallorca, a pesar de la dificultad para cultivar la tierra y los problemas de las frecuentes incursiones piratas. A finales del siglo XIX y principios del XX, estos espacios fueron cantados poéticamente por el heredero de la possessió (finca) de Formentor, Miquel Costa i Llobera. En 1928, Adan Diehl, miembro de una adinerada familia argentina, adquirió las tierras de Formentor y empezó la construcción de una lujosa residencia que, más tarde, se convertiría en el emblemático Hotel Formentor. Entre los clientes de la primera época de esplendor del hotel -interrumpida por la Guerra Civil- encontramos a escritores y artistas de reputada fama, así como personajes como Winston Churchill, el príncipe de Gales o el duque de Alba, entre otros. En los años 50, el hotel se convirtió de nuevo en escenario de eventos internacionales, como el primer congreso internacional dedicado a Ramon Llull. En 1960, se concedió el Premio Formentor de Novela, el mejor dotado de aquellos tiempos, con 10.000 dólares y la edición internacional de la obra premiada. Actualmente sigue siendo un hotel de lujo.

Pollença

Además del sol y la playa, el municipio de Pollença ofrece una importante oferta complementaria, excelentes restaurantes, dónde podemos disfrutar de cocina mallorquina, bares de copas con amplias terrazas y diferentes actividades como ir de compras gracias a la variedad de establecimientos comerciales. Tampoco hay que olvidar actividades como el senderismo, hípica, vela, golf o excursiones marítimas.